
Siempre se miró con sana envidia como brasileños,
alemanes, italianos o argentinos agarraban con fuerza ese trofeo mundialista de
unos 5 kilos de peso, con oro de 18 quilates, base de malaquita y dos figuras humanas sosteniendo
la tierra. El mundo estaba a sus pies, todos admiraban sus cualidades y los
españoles soñábamos con ser, alguna vez, los protagonistas de esta mágica
imagen. El tiempo y una magnífica generación de futbolistas han convertido en
realidad ese sueño. Los sueños no son sueños, son el primer paso para hacerlos
verdad. Lo hizo verdad un jugador con magia llamado Andrés
Iniesta, su tanto tumbó a Holanda y encumbró a
España al Olimpo.
El fútbol ganó al boxeo. El toque se impuso a las patadas. El deseo de querer ganar un Mundial dominó sobre la táctica de dejarse todos los deberes ante la lotería de los once metros. España fue superior a Holanda. España es campeona del mundo. España es campeona del mundo. No duplico por error, es para creernos que somos campeones del mundo, que no es nada artificial, que se trata de uno de los momentos más bellos, deportivamente, de la historia de España, de la historia antigua, moderno y contemporánea. Y lo mejor es que esta generación es joven, fructífera en nuevos talentos, y su camino no ha tocado techo. Si hace dos años nos obsequiaron con una Eurocopa, ahora nos dan un Mundial y su leyenda tiene visos de perpetuarse en el tiempo.
Es tiempo de saborear estos momentos dulces, más que nada porque no es fácil salir en esa imagen levantando la Copa del Mundo. Cuesta mucho. A España le ha costado 80 años y muchas decepciones, todas desterradas para siempre. Ahora España entera se siente como se sentían los brasileños, alemanes, italianos o argentinos. España ya está en su selecto club, ya cuenta con una estrella en el pecho, y ello debe impulsar a próximas generaciones a mantenerse en la cima.
Iniesta, un mago
Llegar a esta cumbre, sin embargo, no
fue un camino de rosas, fue más bien un trayecto repleto de espinas. Los
holandeses, inferiores técnicamente, se decantaron por desarrollar un fútbol
subterráneo. Ofrecieron un repertorio de patadas, puñetazos y protestas. No se
cortaron y fueron en crecimiento con la permisividad del
colegiado, un inglés a nombre de Howard Webb. No sólo eso, Robben y su
velocidad encontraron dos huecos en dos contragolpes. Mano a mano con Casillas.
El corazón en un puño y un grito de alegría cuando este chico de Móstoles se
erigió en héroe salvando a España. El sufrimiento no se limitó a estas
situaciones. España dominó, trató de imponer su toque amoroso con el esférico en
mitad de una guerra de juego violento. No se acababa de coger el ritmo.
Las ocasiones, esporádicas y la mayoría a balón parado, no se materializaron. Sergio Ramos no acertó con su remate de cabeza en dos córners. Luego, cuando España enlazó tres, cuatro, cinco pases, faltó el último paso, y ni Cesc, casi en un mano a mano, ni Villa, encontraron cómo definir cuando se cantaba gol en toda España. No pasaba nada, si el fútbol era justo, la Selección debía ganar… pero quién más quién menos… se acordaba de fantasmas del pasado.
Nada de nada, simplemente ese estado de ánimo era consecuencia de los nervios, de vivir una final, algo inaudito en España. Pero esta generación es ganadora y detrás estaba todo un país empujando como nunca. Era ahora o nunca. Y ese sufrimiento se convirtió en felicidad cuando a cuatro minutos para la conclusión de la prórroga, Iniesta, como hicieran en Londres ante el Chelsea en Champions, hizo realidad el sueño de millones de españoles. Toda España remató con Iniesta tras una jugada con Torres y Cesc, asistente, como protagonistas del gol más importante de la historia de España.
Por entonces, Holanda ya estaba con diez tras la expulsión de Heitinga y buscando de forma desesperada ir a los penaltis. Holanda ya no podía ni dar patadas, sólo hincar la rodilla ante el fútbol de España, el único equipo de este Mundial que ha deseado ganar la Copa del Mundo utilizando el camino más preciosista. España lo consiguió, logró ser protagonista de esa imagen que tanto tiempo se vio con sana envidia.
Ahora, el resto del mundo nos ve con esa misma sensación, pero con un valor añadido, el ver que esta Selección, aparte de competir, saber jugar como los ángeles. Y así, más el sufrimiento superado, hacen que este título se disfrute como nunca antes se ha festejado otro trofeo. Y además, con récord mundial: ninguno de los campeones se había coronado empezando perdiendo. Ni siquiera sin ceder un tanto en los cruces. España es diferente. España es el fútbol. España grita ¡¡¡CAMPEONES!!!
Rafael Merino.
En Paraíso Fútbol | España en este Mundial Sudáfrica 2010



Muy buena nota y Felicitaciones desde Argentina a toda España por el campeonato mundial obtenido
Holanda nos puso en muchos problemas, pero somos más que justos campeones. Un equipo que da tantas patadas como el holandés no merece llevarse título alguno; ayer, por tanto, se hizo justicia.
Sin lugar a dudas, el momento más emocionante de mi vida.
Ningún título a nivel de clubs se le puede acercar a este hito histórico.
Aun no lo he asimilado