|
Todo sucedió como de costumbre.
Se combinaron esos tradicionales episodios de
aburrimiento, como viene siendo tónica en los
últimos compromisos, con capítulos de sólida
brillantez a cargo de esos actores considerados
como mágicos. Esos momentos de magia carecieron,
sin embargo, de continuidad en el tiempo. Fueron
acciones relámpago. Ni siquiera se encontraron
otras razones secundarias en defensa de esas
esperanzas de encontrar un estilo más acorde a
los deseos de los socios. Lo suficiente, de
todas formas, en el objeto de deshacerse del
Olympique de Marsella, un disciplinado conjunto
escaso de acierto en los metros decisivos. En
consecuencia, segunda victoria en competición
europea, séptima triunfo en compromiso oficial,
ratificando así el excelente arranque
matemático; escaso, por el contrario, en un
fútbol de toque.
Todo comenzó con las
controvertidas rotaciones, en contra de esa
teoría no escrita, aunque con suficiente
contenido científico en su enunciado, sobre el
método a emplear en la construcción de un nuevo
conjunto, es decir ofrecer una mayor continuidad
a once futbolistas. Que se vayan conociendo en
los movimientos, entendiendo, edificando
acciones sin necesidad de otear el horizonte. No
lo entiende así Pellegrini, más empeñado en
dosificar minutos, aunque también sea una razón
consecuente. Pero como consecuencia de esta
filosofía, el capitán compró entrada de
banquillo, dando entrada a Guti. Lo destacado de
esta elección, por el contrario, estuvo en la
instantánea dibujada en ataque con Cristiano
Ronaldo, Kaká y Benzema, el trío de ases de
Florentino Pérez. A esa imagen sólo faltó
Ribery, asignatura destinada a solventar en el
siguiente curso.
La otra novedad, más
obligada que ajustada al método del preparador
sudamericano, estuvo en la entrada de Gago como
reemplazo de Lass. Hombre por hombre, diría
cualquier entrenador; sí, aunque idea discutible
atendiendo al escenario de estar en casa y tener
la necesidad de dotar a la estructura de un
hombre más ofensivo o de bandas. No es cuestión
de criticar, sino de comprobar el desarrollo de
los primeros cuarenta y cinco minutos. Las
acciones siempre extremadamente previsibles, los
ataque siempre por el centro, el pase siempre
generado a balón largo, puesto que el centro era
un atasco en hora punta, donde nadie era capaz
de combinar al toque y donde nadie se encargaba
de estar en bandas. La movilidad, otra
consecuencia del embotellamiento, era escasa.
Todos se estorbaban y estaban incómodos. Con
balón, en los escasos minutos, y sin balón, en
la mayoría de la primera parte, puesto que era
propiedad de los hombres de Deschamps. Lo mejor,
los franceses estaban sin mucha orientación en
ataque. Se acercaban y salvo un disparo de Niang
nada de nada. Más control que miedo.
A
pesar de este panorama, en cinco minutos estuvo
cerca de cambiar el rumbo del encuentro. Dos
fuertes disparos desde lejos, más de 35 metros,
de Cristiano Ronaldo y un remate acrobático de
Benzema evitaron más de una cabezadita antes de
tomar el bocadillo. Después, todo cambió. La
metamorfosis fue increíble y muy bien recibida,
por otra parte. Fue una ráfaga de aire fresco,
ilusionante.
Seis minutos de verdadero
lujo La espesura desapareció con asombrosa
facilidad. Había más brío. El toque de primeras
se impuso y con ello, lógicamente, aumentó la
velocidad en las transiciones, la creación de
espacios y las ocasiones, aunque en la mayoría
de las acciones siempre existió un toque de
calidad individual, como sucedió en el tanto de
inauguración de la goleada. Cristiano Ronaldo,
aprovechando la indecisión del guardameta
francés, el despiste generalizado de los
defensores contrarios y una excelente asistencia
de Pepe desde zona defensiva, como sucedía en
los tiempos de Hierro, convirtió con habilidad
en el primer tanto.
A partir de
entonces, una cascada de ocasiones y dos tantos
más de regalo. El primero, de penalti anotado
por Kaká, después de un extraordinario maratón
futbolístico de Cristiano Ronaldo, por el cual
terminó lesionado en su tobillo; el tercero
significó lo mejor del encuentro. Una verdadera
combinación de tiralíneas. Una de esas acciones
que están ansiosos de ver los aficionados.
Empezó Guti; tocó Benzema; abrió a banda a
Sergio Ramos; asistió a Kaká, devolvió a
Benzema; y remató Cristiano Ronaldo. Todo al
primer toque y a velocidad de vértigo. El sopor
de las gradas era ya un éxtasis. El ¡así, así
gana el Madrid! fue coreado al unísono.
El estreno europeo en casa se cerraba
con goleada y buenas acciones, más individuales
que colectivas, aunque a tenor de lo visto en la
primera parte era un excelente premio al socio.
Luego, el encuentro se fue diluyendo, no
llegaron más tantos porque faltó claridad en el
área. Ya daba lo mismo, el público se dedicó a
repartir ovaciones, incluyendo a Morientes, y
soñando con irse, en mayo, de fiesta cuando este
colectivo levante la Copa de Europa, aunque
antes de disfrutar de ese momento está pendiente
el construir una sólida arquitectura colectiva.
- Ficha técnica:
3 - Real Madrid:
Iker Casillas; Sergio Ramos (Garay, m.71), Pepe,
Albiol, Marcelo; Gago, Xabi Alonso, Guti; Kaká
(Raúl, m.78), Cristiano Ronaldo (Higuaín, m.69)
y Benzema.
0 - O.Marsella: Mandanda;
Bonnart, Diawara, Heinze, Taiwo; Abriel
(Rodríguez, m.61), Mbia, Cheyrou, Lucho; Niang
(Ben Arfa, m.87) y Morientes (Brandao,
m.63).
Goles: 1-0, m.58: Cristiano
Ronaldo. 2-0, m.60: Kaká de penalti. 3-0, m.64:
Cristiano Ronaldo.
Árbitro: Martin
Hansson (SUE). Mostró cartulinas amarillas a
Mbia (54), Heinze (61) y Rodríguez (66) por el
Olympique. Expulsó a Diawara (46 y 60) por doble
cartulina.
Incidencias: encuentro
correspondiente a la segunda jornada del Grupo C
de Liga de Campeones disputado en el estadio
Santiago Bernabéu ante unos 75.000 espectadores.
Presenció el encuentro en el palco de honor el
tenista Rafa Nadal
Autor / Fuente: Rafael Merino
|