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El Milán rejuvenece a costa del Real Madrid (2-3)
23/10/2009
Segundo encuentro de altura; segunda decepción. Después de caer en Sevilla, el Milán se apuntó el duelo entre los dos grandes clubes de la Copa de Europa. El Real Madrid, a pesar de adelantarse por mediación de Raúl, acabó hincando, de forma deprimente, su rodilla ante una escuadra rossonera más cercana al geriátrico que al Olimpo de este deporte. Dos tantos de Pato, otro de Pirlo, la inestimable colaboración de Casillas y un sinfín de desajustes ofensivos y defensivos desencadenaron una noche triste. Un desenlace inesperado, en concreto para una afición que rugió como nunca y lloró como no esperaba, ya que no esperaban ver rejuvener al Milan a costa del Real Madrid.

La Copa de Europa es otro mundo. Otra dimensión, una competición superior. Algo mágico. Un torneo capaz de aplazar tristezas cotidianas, de evadirse, de aferrarse a una esperanza, a sueños por cumplirse dentro de unos meses, más cuando el trayecto europeo de este curso concluye en casa. Se entiende, de forma comprensible, entre los ciudadanos del coliseo de La Castellana ese espíritu compañero de viaje de otras generaciones en aquellas noches célebres. Esta competición transforma a los seguidores blancos, los hace de otra pasta, capaces de animar desde los prolegómenos, sin necesidad de ser encendidos desde el césped. Y se demostró en noches como esta, donde enfrente estaba el Milán, donde no se debía comportar uno como en la ópera, de forma educada, sino como un hincha acérrimo. Lástima de los futbolistas, la otra parte importante en esta conjunción mágica de las Copas de Europa. El equipo no entendió el mensaje y ofreció un discurso más operístico que futbolístico. Lógicamente, como certifica el resultado, el Milán, una escuadra pasada de vuelta, se apuntó el triunfo.

Pese al marcador, y en este proceso de extraer lo más positivo del encuentro, debe resaltarse ese espíritu alegre de los seguidores, máxime cuando las condiciones climatológicas no eran excesivamente benévolas. El otoño, aunque retrasado a su cita, se manifestó con virulencia invernal, transmitiendo un intenso frió, cierto aire e incluso lluvia en determinados pasajes del encuentro. Era, verdaderamente, un ambiente desalentador, de esas situaciones atmosféricas donde cuesta concentrarse, en especial a los aficionados, donde en estos ambientes se ven necesitados de un impulso desde el césped. Estas inclemencias, sin embargo, carecieron de efectos perniciosos en las gradas. El público vivió conectado a la cita desde minutos anteriores al comienzo, no necesitó ni calentar. Se estaba en noche de Copa de Europa, en esos momentos donde uno se transforma convirtiéndose en el futbolista número doce. Los aplausos, cánticos y ensordecedores abucheos, con Ronaldinho como diana predilecta, atronaron en todo el territorio madrileño. Abajo, a escasos metros de los coristas, se encontraron once futbolistas extremadamente mentalizados, aunque con incomprensibles momentos de desconexión -concentrados en el segundo acto- cuestión imperdonable en este tipo de competiciones, más cuando enfrente está un experimentado club italiano. Se fue de más a menos. Y así es complicado mantenerse en un ambiente festivo. La falta de ideas en los metros decisivos fue otra de las causas del estropicio del marcador. Arriba, sólo el capitán; sus coristas, Kaká, Granero y Benzema -cada vez más apático- no ocultaron esa añoranza existente al desborde mágico de Cristiano Ronaldo.

Y eso que todo comenzó de la mejor manera posible, adelantándose en el marcador. Raúl, que atraviesa un momento de dulce, demostró uno de esos atributos que han fabricado de él un delantero capaz de obtener petróleo en las acciones más insospechadas. Un disparo sin aparente peligro de Granero se convirtió en incontrolable para Dida. El vetusto meta brasileño se hizo un auténtico lío. El ‘siete’ no desaprovechó el regalo. El oportunismo, el olor a gol, fueron determinantes. Lo que está claro es que este tanto hizo justicia al derroche de esfuerzo y ganas del Real Madrid. Más justicia si tenemos en cuenta que minutos antes, un colegiado belga, de nombre impronunciable, se merendó un penalti clamoroso de Zambrotta a Benzema, en la única, por cierto, acción recordable del ariete francés en los primeros cuarenta y cinco minutos. Ambas acciones unieron más a afición y equipo, aunque ello no repercutió en la consecución de más tantos. Escaso premio ante una buena puesta en escena.

Sin gasolina, sin ganas, sin nada de nada
Ese ambiente europeo delataba también que el encuentro no estaba cerrado, especialmente cuando enfrente está un conjunto como los milanistas. Éstos se juntaron más en sus líneas, con Pirlo, un maestro del toque, como cerebro. La consecuencia: se hicieron con el balón y confirmaron esa teoría que dice que un equipo grande se desgasta corriendo tras el esférico. Los problemas se acrecentaron cuando un fuerte disparo de Pirlo sorprendió a Casillas. Empate y a comenzar de nuevo, pese a esos contragolpes con Benzema, Kaká y Raúl como protagonistas. Ninguno fue capaz de redondear sus acciones individuales, constatando un grave defecto: escasa fluidez de ideas y de circulación del balón. Simples oasis en mitad del desierto futbolístico en el que se sumergía el Real Madrid.

El encuentro, por entonces, estaba cambiando, evolucionando hacia un sentido no previsto, aunque nadie imaginó un giro tan drástico, mucho menos con Casillas como protagonista. Una salida incomprensible, alocada, fuera de sus dominios, sin justificación alguna, habilitó a Pato que, como buen delantero, no desaprovechó el obsequio. Los nervios, consecuencia directa de este error, se desataron en los defensas, ya nada transcurrió dentro de los pronósticos. El mazazo, sin embargo, se mantuvo aplazado merced a la buena disposición de la afición. Ellos levantaron al equipo, le contagiaron de su ilusión, de su garra y hasta Drenthe se animó en un par de acciones como prólogo a su excelente disparo desde fuera del área, tras un córner sacado por Raúl, que supuso el empate.

Fue, sin embargo, un espejismo. Otro oasis. El encuentro estaba cerca de girar, nuevamente, de rumbo. Esta vez, con la inestimable colaboración de los defensas. Éstos temblaron cuando los rossoneros tomaron, otra vez, el mando del esférico. Los marcajes fallaron en un córner y el tanto de Thiago Silva fue anulado como compensación a la enorme metedura de pata del árbitro en el penalti sobre Benzema. Cuando sucedió esa acción, el encuentro ya era una ida y vuelta, como si de una final se tratase, con dos equipos mostrando sus mejores armas. Se estaba en el momento crucial. Lástima que esos poderes del Real Madrid fueran con balas de fogueo y que el Milán exprimiera sus últimas dosis de calidad. Y, claro, se apuntaron el asalto. Lo hizo con un tanto de Pato, instantes después de una meritoria intervención de Casillas.

Aparte del resultado, debe, nuevamente, destacarse la excelente interpretación de los aficionados, aunque ello no corrigió lo imposible, es decir, el creciente atasco ofensivo, la escasa creación de fútbol en la medulas y las carencias defensivas de los blancos, imperdonables en terrenos europeos y más cuando se está combatiendo con un conjunto como el Milan. Los octavos tendrán que esperar y seguramente ya hay ganas de revancha en San Siro. Sería la mejor forma de dar las gracias a una afición entregada, a una afición que sigue soñando con hacer realidad el deseo de esta temporada: ser campeones de Europa.



2 - Real Madrid: Iker Casillas; Sergio Ramos, Pepe, Raúl Albiol, Marcelo; 'Lass' Diarra, Xabi Alonso, Granero (Drenthe, m.66) ; Kaká, Raúl y Benzema.

3 - Milán: Dida; Oddo, Nesta, Thiago Silva, Zambrotta; Ambrosini, Pirlo, Seedorf; Ronaldinho (Flamini, m.90), Pato e Inzaghi (Borriello, m.60).

Goles: 1-0, m.19: Raúl. 1-1, m.62: Pirlo. 1-2, m.65: Pato. 2-2, m.75: Drenthe. 2-3, m.88: Pato.

Árbitro: Frank De Bleeckere (BEL). Mostró cartulinas amarillas a Albiol, Raúl y Marcelo por el Real Madrid, y a Zambrotta y Pirlo por el Milán.

Incidencias: Encuentro correspondiente a la tercera Jornada de la Fase de Grupos de la Champions League, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante la presencia de 79.200 espectadores, 3.000 de ellos seguidores del Milán. Presidieron el partido junto a Florentino Pérez, el presidente de la UEFA, Michel Platini, y de la Real Federación Española de Futbol (RFEF), Ángel María Villar.

Autor: Rafael Merino

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