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Dembélé: inversión millonaria, desinversión deportiva

El fútbol carece de tiempos de adaptación, y más cuando el equipo de turno ha invertido una ingente cantidad de dinero en la contratación de determinado futbolista. El rendimiento de éste no debe ser sólo sobresaliente de inmediato, sino que, además, de rendir a un nivel muy superior al mostrado en su anterior club. Son las cosas del fútbol y del dinero. Y en esa vorágine se encuentra sumido Ousmane Dembélé, el segundo refuerzo más caro en la historia del Barcelona. Los azulgranas desembolsaron -hasta la contratación de Coutinho- 105 millones de euros fijos más otros 40 en variables, cantidad que situaba al extremo francés en el centro del foco mediático. Sin embargo, su primera temporada concluirá sin pena ni gloria, aunque seguramente con un campeonato de Liga y quizá una Copa del Rey en su palmarés.

Después de la marcha, más o menos sorpresiva de Neymar, el Barcelona buscó un recambio en el mercado que ofreciera unas cualidades semejantes: calidad, desborde, asistente, pegada, ambidiestro y un buen margen de mejora para un joven jugador de tan sólo 20 años de edad. El futuro era tan prometedor como su escasa trayectoria en la alta competición. Dembélé había demostrado sus cualidades en un grande de Alemania, como el Borussia de Dortmund. Allí, lo firmaron del Rennes francés por 15 millones de euros y sólo un curso después lo vendieron al Barcelona tras hacer una campaña muy convincente: 50 partidos, 10 goles y 20 asistencias. Ya de azulgrana, sus datos son grises: 19 encuentros (sólo ha completado una vez los 90 minutos, ante el Girona el pasado mes de febrero), 2 goles y 941 minutos.

Más tiempo de adaptación

Más allá de unos fríos números estadísticos, hay otros tres factores que se ciernen sobre la habilidosa figura del extremo con orígenes africanos. La capacidad de adaptación a los esquemas del Barcelona y su peligrosa relación con los problemas musculares. Ni Valverde, con el jugador ya plenamente recuperado, ha confiado en él ni las lesiones han ayudado a una plena adaptación: rotura del bíceps femoral de la pierna izquierda, nada más aterrizar, y después una rotura fibrilar en el semitendinoso del muslo izquierdo. En resumen, 27 encuentros en el dique seco y, ya con el alta médica, escasos minutos en citas intrascendentes. La tercera razón está en su situación física, alejada del canon de un futbolista titular del Barcelona: “Tengo que volver a trabajar cardio. Me canso muy rápido”, desveló Dembélé.

Por el momento, en el club se centran en cerrar definitivamente la Liga y alcanzar la Copa del Rey; después se analizará cómo encauzar el rendimiento del segundo fichaje más caro de toda la historia, pues se sigue contando y confiando en Dembélé y el extreme también está convencido de su recorrido en el Barcelona: “Firmé un contrato por cinco temporadas. Estaré mucho tiempo en Barcelona. No me iré después de un año”. Queda por saber si las prisas ganan a la adaptación o la adaptación se impone a la vorágine de los resultados inmediatos.

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