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La Argentina de Messi, otra cumbre a coronar por España

No es tarea sencilla, ni casi agradable, hacerse con los mandos de una selección que venía de una tendencia negativa: cataclismo en el Mundial de Brasil (2014) y suspenso en la Eurocopa de Francia (2016). Ese oscuro panorama deportivo se complica cuando anteriormente, España había escrito la historia futbolística jamás antes escrita: ganar de manera consecutiva una Eurocopa, un Mundial y otra Eurocopa. Y la situación acaba de enmarañarse cuando no sólo debe mutarse la tendencia de resultados, sino que debe darse relevo a toda una generación para el recuerdo. El reto de Lopetegui, en consecuencia, no era un camino de rosas. Casi dos años después, y a falta de verse la actuación en Rusia 2018, puede decirse que el seleccionador está cumpliendo con sobresaliente todos sus pasos preparatorios ante el gran examen mundialista.

La última cita preparatoria (aparte de los amistosos previos al Mundial con los jugadores definitivos elegidos para esa cita) tiene lugar contra la Argentina de Messi -otra de las selecciones favoritas y que al parecer no contará con la participación de su estrella, lesionado- en Madrid, en el estreno del Metropolitano como escenario de partidos de España. Otro amistoso con carácter de competición oficial. Ganar no es levantar un trofeo, pero sí conseguir una considerable inyección de autoestima; caer desencadena el debate de las dudas. Y resultado aparte, el jugar bien o no es otro tema de discusión. Demasiadas conclusiones a poco más de dos meses para el estreno en Rusia 2018. Suceda lo que suceda en el Metropolitano, la primera conclusión reside en que Lopetegui no quiere amistosos de artificio; desea amistosos oficiales.

Amistosos nada amistosos

Porque antes de Argentina (Rusia 2018 será la última gran oportunidad de Messi de conquistar el trono de Maradona), estuvieron enfrente Alemania (empate en un notable encuentro de calidad), Inglaterra (2-2), Francia (0-2), Colombia (2-2), Rusia (3-3) o Bélgica (0-2), entre otros compromisos. Y la mayoría de estos enfrentamientos tuvieron el añadido de jugarse como visitantes. A ello se suma el excelente doble cruce, éstos sí de carácter oficial, ante Italia (1-1 y 3-0) durante la inmaculada fase de clasificación. En resumen: 17 partidos (10 durante la fase de clasificación), con doce victorias y cinco empates; y 53 goles a favor por tan sólo 11 en contra. Un balance impoluto de una selección española que vuelve a sentir el toque del balón tras recuperar el gen competitivo.

La trayectoria de Lopetegui no se circunscribe a las estadísticas (sobresalientes al protagonizar ya el segundo mejor arranque de un seleccionador español tras los 26 partidos sin perder de Luis Aragonés), sino a otras virtudes puestas en duda al ser nombrado técnico de España: renovación sin ruido de una generación dorada; recuperación del fútbol de toque y ser un grupo ofensivo (3 goles de media por encuentro); comunicación, y seguimiento, fluida con los jugadores; aplicación de la meritocracia en sus decisiones; variedad de esquemas tácticos primando siempre el preciosismo; seguridad defensiva (0,6 goles encajados de media); ser capaz de armar un bloque sólido entorno a una serie de futbolistas determinantes (Silva, Iniesta, De Gea, Thiago, Busquets, Isco, Koke, Ramos, Alba o Piqué) y trasmitir, en definitiva, sensaciones de la vuelta de España.

Revancha y prueba del nueve

Ante Argentina, Lopetegui dispondrá de una nueva prueba de enjundia a la hora de ensayar diferentes situaciones. El seleccionador no contará con Silva -ausente por motivos personales- pero sí con, quizá, su relevo natural: Lucas Vázquez, que atraviesa un espléndido momento de forma en este comienzo de 2018. O probar quizá con Asensio en banda. O dar la alternativa a Parejo en la medular. También quizá se produzca el estreno de Marcos Alonso (nieto de Marquitos e hijo de Marcos Alonso) como internacional en el flanco izquierdo dando descanso a Jordi Alba. Lo mismo puede darse en el centro de la defensa con Nacho en lugar de Piqué (con alguna molestia física). Pero el verdadero foco estará arriba, en la delantera: Diego Costa, Rodrigo (valor al alza) y Aspas deberán mostrar sus virtudes para ser ese delantero centro que tanto se echa en falta en España.

Argentina, por su parte, no contará con Di Maria ni Agüero; y es muy probable que tampoco esté Messi, el faro sobre el que Sampaoli está armando una estructura rocosa capaz de conquistar el mundo. Complicado está a tenor de la trayectoria argentina hasta Rusia: 44 jugadores empleados en la fase de clasificación (resulta a su favor gracias a Messi), tres seleccionadores y tres presidentes. El reto de Messi se presenta interesante. Y más cuando Sampaoli no encuentra acomodo a Dybala, la perla argentina más consagrada; sí lo hace, por el contrario con Pavón y Lautaro. El Metropolitano asistirá a un duelo entre campeones del mundo, en el que será el enfrentamiento número 14 (balance 6 a 5 para los argentinos, con 2 empates) entre ambas selecciones (sólo un encuentro a nivel oficial, en el Mundial de 1966, con triunfo albiceleste); el último data de 2010, de triste recuerdo español al padecer una sonora derrota en su visita a Argentina (4-1). Ahora, España está al alza, es la España de Lopetegui.

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