Cerrar

Crónicas

Crónicas

Carroll, el héroe del Real Madrid (81-80)

carroll-rudy-madrid

El Real Madrid ganó el segundo punto de la final de Liga Endesa contra el Barcelona merced a un triple sobre la bocina del escolta americano (25 puntos), escapando así de una derrota segura a consecuencia del planteamiento físico del Barcelona de Pesic.<!–more–>

El deporte contiene momentos mágicos; episodios impensables que cambian finales en cuestión de segundos. El Barcelona tenía en el bolsillo el triunfo hasta que todo cambió en apenas 20 segundos. Un triple de Randolph, un error de Claver desde el tiro libre y una jugada de picardía de Llull (forzando la falta y tirando a fallar) situaron al Real Madrid a tiro de ganar. Entonces apareció Carroll. Su muñeca, tras doblar a su defensor, no falló desde el perímetro, desatando la euforia en el Palacio de los Deportes. La serie, con claro dominio blanco, se traslada a la Ciudad Condal. El miércoles, el tercer asalto. Una nueva victoria del Real Madrid le daría el título de la Liga Endesa.

El descanso fue considerado como una recompensa. Agotados estaban todos los protagonistas: jugadores, entrenadores y aficionados. Hace un tiempo que estos clásicos, entre Real Madrid y Barcelona, se convirtieron en encuentros agotadores. En lo físico y en lo mental. Y más si se trata del segundo encuentro de la serie hacia el trofeo de Liga Endesa. Los primeros 20 minutos no sirvieron de desenlace (29-34); sólo desvelaron unos cuantos matices interesantes. Los desglosamos: el Barcelona llevó la táctica a lo físico; el Real Madrid no encontró su caudal ofensivo de otras veces y tampoco estuvo fiel a su defensa. Y otros más: se exige una reflexión sobre el nivel del arbitraje.

El giro táctico del Barcelona era tan comprensible como esperado. Su táctica exigía conducir el encuentro hacía un terreno físico. Ellos se sienten más cómodos y eso ahoga al Real Madrid. El conjunto de Laso cerró el primer acto con sólo 11 puntos (27% de acierto), de los cuales ninguno se consiguió en situaciones cómodas de tiro. La duda estaba en cuánto tiempo aguantaría el Barcelona en ese ritmo agotador de defensa. O en dónde situarían los árbitros su nivel de faltas. Esa actitud más fuerte y comprometida en defensa tampoco tuvo un gran recorrido en ataque. Se vieron con un 7-17 y se frenaron en los últimos instantes. Las fuerzas estaban centradas en evitar la velocidad del Real Madrid.

Superado este tramo, el Barcelona se dejó caer en manos de Heurtel. El francés es una losa para el Real Madrid. Sus 6 puntos consecutivos impulsaron a los azulgranas (17-25). El Real Madrid estaba, nuevamente, flojeando. Anotar era una misión de un desgaste mental y físico sin precedentes. Y había hasta cierto grado de desesperación: 0 de 7 en triples en 15 minutos. Una estadística nada habitual. Entonces, apareció Carroll. Dos triples suyos espolearon ofensivamente al Real Madrid. Fueron esas dos primeras canastas en libertad. Y el Barcelona, sin Heurtel, se estancó. Estuvo cuatro minutos largos sin perforar el aro (firmó 2 de 14 en triples). El Real Madrid tuvo, entonces, su primera ventaja (29-27). Poco después, apareció el deseado descanso.

A la vuelta, nada cambió. Los contactos se mantuvieron al alza. Anotar una canasta era tan inalcanzable como hacerse con una posición óptima o coger el balón en un rebote. La intensidad aumentaba con el trascurrir de los minutos. El Barcelona conservaba su ritmo, de tener un encuentro físico y dosificando cuántos puntos se concedían; y el Real Madrid no alcanzaba a encontrar alternativas. No había inspiración. Y encima, Heurtel mantuvo su acierto: 12 puntos seguidos para situar a los azulgranas más arriba que nunca (39-51). Habían pasado 6 minutos. Y lo que es el Real Madrid cuando no fluye su baloncesto. Orgullo y orgullo, como tres triples consecutivos (Carroll, Rudy y Llull) que mantuvieron a los blancos en el marcador (53-59).

Acciones como estas daban oxígeno y esperanzas; aunque en el ambiente había síntomas extraños, cómo de haber visto anteriormente este tipo de encuentros. Leáse Copa del Rey y otros tantos encuentro desde el desembarco de Pesic. Y eso que, a poco de arrancar el cuarto final, Carroll empató, con otro triple, el encuentro (62-62). El Barcelona no se asustó. Había trabajado mucho como para deshacerse en la orilla. Su respuesta fue contundente. Aparecieron los puntos de Pangos, Hanga y Heurtel. El Barcelona contestó en modo ganador: 65-74. Nada hacía pensar en lo impensable, en que ganara el Real Madrid. Pero este Real Madrid no se rinde nunca. Está su ADN. Y así sucedió, acabó ganado sobre la bocina con el triple de Carroll, el héroe del Real Madrid.

read more
Crónicas

El Real Madrid de Randolph abruma al Valencia a base de triples (94-72)

anthony-randolph-real-madrid

Los triples blancos (16 en total) bien mezclados con el cansancio rival resultaron mortales para el Valencia. El Real Madrid resolvió instantáneamente, y antes del descanso, el primer acto del cruce de semifinales. Nada que objetar a un triunfo tan cómodo como convincente. Los 8 triples del arranque (cuatro de ellos con la marca de Randolph, la figura) desnivelaron el marcador y el cansancio (sólo dos días de descanso) de un desdibujado, y decepcionante, Valencia hizo el resto. Este sábado habrá un segundo asalto en Madrid. Y mucho deberá mejorar el Valencia, y no para ganar, sino para inquietar a un Real Madrid en plenitud mental, física y anotadora.

read more
Crónicas

Madrid corona al Liverpool como Campeón de Europa (2-0)

liverpool-champions-madrid

Madrid coronó al Liverpool como nuevo campeón de Europa. Después de 1.099 días de reinado del Real Madrid (con cuatro trofeos en cinco ediciones), el Viejo Continente ve reinar a otro club con solera. El Liverpool alzó al cielo del Metropolitano su sexta Copa de Europa. Antes lo hizo en Estambul (Champions League 2004-2005), Paris, Londres y Roma (2 ocasiones), éstas últimas bajo el formato de la antigua Copa de Europa (1976-1977, 1977-1978, 1980-1981, 1983-1984). Los goles de Salah (de penalti, al minuto y medio) y de Origi (en las postrimerías) decantaron una final de paupérrimo fútbol. Una fina de contadas ocasiones gol, de escasa emoción y de mucho respeto a cometer algún error de consecuencias trágicas. Porque en definitiva ya saben aquello de que las finales no se juegan, sino que se ganan. Y ganó el Liverpool.

read more
Crónicas

Madrid asiste a la coronación del Liverpool o Tottenham en el Metropolitano

final-liga-campeones-madrid

Madrid asiste a la coronación europea del fútbol inglés en el Metropolitano. Después de cinco ediciones consecutivas de absoluto gobierno de los clubes españoles (Barcelona, una, y Real Madrid, cuatro, con tres títulos consecutivos), bien el Liverpool o bien el Tottenham se abrazarán al trofeo de los trofeos del fútbol: la Copa de Europa. Nada como conquistar este torneo como vía más directa hacia la eternidad. Sería el sexto entorchado en las vitrinas de los ‘reds’ (y serían 10 finales jugadas) o el estreno de los ‘spurs’ en el palmarés de la Liga de Campeones, siendo el octavo club inglés en jugar esta final. Gane quien gane, Inglaterra, la poderosa Premier League, volverá a reinar en Europa, siendo el segundo país con más Copas de Europa, sólo superado por España, aunque con más clubes en conocer qué significa disputar este encuentro.

read more
Crónicas

Madrid disfruta de Federer; Thiem avanza en el Mutua Madrid Open

dominic-thiem-mutua-madrid-open

Hay ovaciones que desprenden un aroma de respeto, componen una banda sonora con un significado de agradecimiento. Así se expresó el público de Madrid cuanto tocó despedirse de Roger Federer. El suizo se marchó del Mutua Madrid Open derrotado por el austriaco Thiem. La juventud y el desgaste físico se impusieron al talento; y después de tres encuentros tocaba a su fin el regreso a Madrid de uno de los mayores tenistas de la historia. Después de 2 horas y 10 minutos de encuentro (3-6, 7-6 (11) y 6-4), el aficionado acababa de presenciar un encuentro de alto voltaje, de esos que entran en los anuarios de un torneo que crece y crece. Y todo como anticipo al encuentro de Nadal camino de semifinales.

read more
Crónicas

El Real Madrid disfruta con el Panathinaikos al son de Campazzo (78-63)

realmadrid-euroliga

Cualquiera no es campeón de Europa. No se trata de contratar a los mejores jugadores o al entrenador de moda. Se trata de algo más complicado: confeccionar un grupo coral capaz de defender y atacar con una voracidad inalcanzable para el adversario de turno. Esto es lo que consigue, curso tras curso, Pablo Laso en el Real Madrid. Habrá mejores jugadores, pero no hay nadie mejor en cuestión de jugar al baloncesto en equipo. Es de lo que se trata: de ser un equipo. De tener ganas. De darlo todo. De ser competitivos. De tener fe en tus opciones. Y de tener al mejor Campazzo (13 puntos, 7 rebotes, 9 asistencias, 5 robos y 26 de valoración). Y este grupo está a un encuentro de volver a clasificarse para la Final Four. Ahora, tras sumar sus triunfos en casa (el único que mantiene el factor cancha del resto de eliminatorias), ante un Palacio entregado, el Real Madrid buscará cerrar el cruce en Atenas.

No es un tema baladí. No es sencillo imponerse al mismo rival en dos ocasiones consecutivas en apenas tres días. El Real Madrid lo hizo con el Panathinaikos. El primer encuentro se resolvió en unos minutos finales de alta tensión; éste segundo acto se cocinó con un primer cuarto de manual. Un Real Madrid muy concentrado en defensa y letal en ataque. El parcial es contundente y no exige de mayores explicaciones: 21-8. Pero daremos algunas y haremos hincapié en una clave que resume todo: si este equipo defiende fuerte (mención para Taylor y Rudy, nuevamente, y Tavares en los aros), esto quiere decir que puede correr y si puede correr (léase Campazzo, cuyo partido fue memorable) que vaya rezando el adversario. Los griegos padecieron una cascada de canastas (seis triples incluidos), amén de su desconexión mental.

El panorama era desolador para el cuadro ateniense. Ni entrenador de campanillas ni soluciones millonarias. El único antídoto que detuvo al Real Madrid fue el músculo. La defensa al límite del reglamento les permitió mitigar su hemorragia, hasta alcanzar el descanso aferrados con la yema de los dedos al encuentro (35-26). Y esto no fue merced a Calathes. La estrella volvió a firmar una primera parte decepcionante, lo reafirmó en los siguientes cuartos. Su aporte fue un tiro libre y tres asistencias. Los Gist, Thomas (14 puntos entre ambos de los 26 del equipo, con un 32% en tiros de dos y un 33% en triples) y un díscolo Antetokoumpo, en defensa, empujaron para soñar con reengancharse al encuentro. Eso y los tiros libres que perdonó el cuadro de Laso (33% de acierto).

Pese al marcador, al juego mostrado y sensaciones trasmitidas, el Real Madrid no tenía aún el segundo punto en su casillero. Se comprobó en el primer encuentro. Los griegos fueron capaces de recuperarse de los golpes y coquetear con el triunfo. El aviso estaba en la mesa. Y siempre que hay un aviso, hay una reacción. Pasados los primeros seis minutos, la distancia estaba en 15 puntos (50-35). Y no ya el marcador. Sino en el querer ganar. Una jugada retrató al conjunto de Pitino. Campazzo robó un balón, nadie hizo el balance defensivo con Calathes y sí otros tres jugadores blancos acompañaron al base argentino, anotando Randolph la canasta. La motivación es otra explicación. Había años luz de diferencia entre unos y otros. El cuarto se cerró con unos dígitos contundentes: 61-41 (máxima renta).

Nada se alteró en los diez últimos minutos. El Real Madrid prosiguió con su ejercicio de voracidad incontestable tanto en defensa como ataque. Ninguna reacción de los griegos. Huérfanos de un plan alternativa y de un líder que apareciese en los momentos complicados. Sí, su estrella, Calathes firmó una estadística terrorífica: once fallos de once intentos. Ni siquiera hubo un esfuerzo en maquillar el marcador. Tampoco lo permitió el Real Madrid. Un grupo que jugó en equipo (Laso supo recompensar el esfuerzo de Campazzo, Rudy y Taylor, que se llevaron sendas ovaciones al ser cambiados al final) y que hizo disfrutar como fórmula para apuntarse el segundo triunfo de la serie. Y no es tarea sencilla, pues ni los poderosos Fenerbahce, CSKA y EFES lo han conseguido. En Atenas se dispondrá de la primera opción de clasificarse para Vitoria. Será cuestión de defender y correr.

read more
Crónicas

El Real Madrid vence con susto al Panathinaikos (75-72)

realmadrid-panathinaikos

Europa es otro mundo. Europa es una zona de confort para el Real Madrid. Generar una atmósfera óptima es una cuestión sencilla. Se alcanza sin querer. Los jugadores están más mentalizados, incluso si se tiene como ausente a Llull; el público acude conectado desde casa; y encima se rinde homenaje al icono de la Euroliga de Belgrado. La primera gran ovación, y consiguiente encendido de la mecha, fue con destino a Doncic. El esloveno acudió como un aficionado más a empujar al Real Madrid en el primer asalto contra el Panathinaikos. Lo dicho, el Palacio estaba ya en ebullición sin necesidad de moverse el balón.

Así es Europa cuando aparece en el camino del Real Madrid. Ni las vacaciones evitaron que más de 10.000 espectadores presenciaran el encuentro. El mismo comenzó con una clarísima puesta en escena: detener a Calathes (Rudy y Taylor se ocuparon de primeras); enviar balones a Tavares; enlazar rápidas transiciones; y si no había opción de adentrarse a canasta era el momento de tirar del perímetro: 9 intentos con cuatro aciertos, tres de ellos a manos de Taylor. Rápidamente, el Real Madrid se disparó en el marcador: 14-8. Los griegos andaban buscándose, como ubicándose. Y también se comprobó que si Calathes está bloqueado o desacertado (erró canastas sencillas), sus compañeros se mueven con más libertad. No están tan encorsetados a los movimientos de su jugador franquicia. Éste, además, tardó 16 minutos en anotar su primera canasta en juego.

Mientras cada equipo presentaba sus bazas, el primer cuarto se cerró equilibrado (21-17) y con dos apuntes negativos: Taylor y Rudy, claves en defensa, sumaban dos faltas cada uno. Poco después se unió Calathes. Y entre medias, un triple de Carroll supuso la máxima renta (26-19). Quizá era el momento de despegar. No sucedió así. El Panathinaikos se movió bien sin Calathes. Langford, Lekavicius y Vougioukas devolvieron los golpes al Real Madrid. De esa máxima diferencia de siete puntos se pasó a un empate técnico (32-31). Y entonces se vivió ese gen competitivo del Real Madrid, capaz de reaccionar de inmediato. Seis puntos de Causeur y un triple de Thompkins derivaron en una nueva máxima de 8 puntos (41-35). Suficiente para alcanzar el descanso con un mayor aire en el marcador (41-35).

Las sensaciones eran positivas, restaba ese despegue definitivo en el marcador que dejara tocado al Panathinaikos. Como, por ejemplo, ponerse muy por encima de los diez puntos psicológicos: 49-35 tras canastas de Taylor, Tavares y Causeur a la vuelta de vestuarios. Lo negativo: la tercera falta de Taylor, condicionando la defensa y el ataque (sumaba 13 puntos, más que nadie). Una piedra en el momento más propicio para encarrilar el primer punto del cruce. Y todo en dos minutos. Arreones típicos del Real Madrid. O como cuando se obstinan en ataques locos. Se falla. Como Calathes. Fallo tras fallo y los griegos aferrándose a salvadores. Como Papapetrou que detuvo la sangría con dos triples: 51-46. O Thomas. Y los griegos salvaron el cuarto (58-52).

El primer asalto se resolvería en 10 minutos. Y qué mejor que coger confianza con triples de Carroll y Prepelic (correcto dando descanso a Campazzo). Dos minutos menos y 8 puntos arriba ante un rival griego obstinado en recuperar a Calathes (64-56). Y éste apareció para repartir juego al resto del grupo. El Panathinaikos no sólo regresó al encuentro, lo volteó: 64-69. Y quedaba cinco minutos. Al Real Madrid le faltó dinamita. Y ahora le faltaba gasolina en defensa y tranquilidad en ataque. Los griegos estaban en su mejor momento tras verse varias veces al borde del precipicio.

Su dulzura tampoco duró en demasía. Calathes anotó un triple, pero erró otros dos. Se obstinó en anotar. Dejó de asistir. Rudy respondió con otro triple (vaya temple) y Campazzo, desde el tiro libre, dejaron al Real Madrid a tiro de remontada: 71-72. Quedaba menos de 1 minuto. Y tras una buena defensa, dos tiros libres de Carroll volvieron a elevar a los blancos (73-72). La tensión también es máxima en Europa. Que se lo digan a Langford. Falló su tiro. Y Campazzo no tembló desde el adicional (75-72). No corrió la misma suerte Thomas. Su triple no entró y Tavares se encargó de taponar otro intento. El Real Madrid se apuntó, no sin una buena dosis de sufrimiento, el primer punto hacia la Final Four de Vitoria. Este viernes, segundo duelo, y también en Madrid.

read more
Crónicas

El Barcelona es más líder tras amargar al Real Madrid (76-82)

21-36-58-real-madrid-barcelona-final-copa-del-rey-655×368

Nunca hay un Real Madrid contra un Barcelona en grado descafeinado. Siempre hay alicientes. Está el orgullo de vencer al adversario más directo. O está ese campeonado en disputa. O recuerdos cercanos en el tiempo (léase en versión Copa del Rey). O está un triunfo parcial capaz de posicionarte en el camino más favorable -factor campo en una hipotética final- hacia el título de Liga Endesa. Por todo esto, y otros muchos más elementos que confluyen en un clásico, este Real Madrid contra Barcelona tampoco defraudó al respetable. Lo volvió a ganar el Barcelona. Los azulgranas no sólo dan un enorme y sólido paso hacia el liderato (2 partidos de renta a falta de 10 jornadas), sino que certifican que tienen recuperada la medida al Real Madrid: 6-2 de balance desde la llegada de Pesic.

read more
Crónicas

El Barcelona de Heurtel descabalga al Real Madrid (93-94)

final-copa-del-rey

Once segundos polémicos directos a los libros de Historia. La final de la Copa del Rey de baloncesto entre Real Madrid y Barcelona será recordada por ese efímero espacio de tiempo. No fueron suficientes los 44 minutos y 49 segundos anteriores, aún con mayúsculos momentos de baloncesto. No, todo se decidió en esa franja corta de tiempo. Y de qué manera. No sólo hubo intriga, sino una polémica como nunca se vio en el baloncesto moderno. <!–more–>Los graves errores arbitrales se sucedieron: falta antideportiva sobre Singleton, técnica no indicada sobre Pesic (invadió el campo) y una canasta de Tomic que no fue canasta, ni tampoco tapón ilegal de Randoph, pero que sirvió para coronar al Barcelona como campeón de la Copa del Rey. Hasta esa jugada histórica, el Real Madrid tuvo el trofeo en su mano (llegó a ganar de 16 puntos) y se escapó porque Heurtel -considerado MVP del torneo- se empeñó en rescatar a los azulgranas.

Hasta esa jugada y esos errores de bulto de los colegiados (y eso que revisaron esa jugada en los monitores), tanto Real Madrid como Barcelona ofrecieron un maravilloso espectáculo deportivo. De esos encuentros que enganchan aficionados. Hubo momentos de calidad; otros episodios más intrascendentes. E intriga, excesivas dosis de emoción, con tintes dramáticos. Hasta esa jugada, cualquiera pudo haberse apuntado el encuentro. Incluso antes del tiempo suplementario, al que se llegó merced a una canasta salvadora de Llull. Hasta esa prórroga fue bien recibida por todos. Había ganas de ver más baloncesto. El encuentro era antológico. Lástima que los árbitros encadenaran tantos errores decisivos.

Sucedió a la vista de los 13.468 espectadores que se congregaron en el Palacio de los Deportes, un recinto repleto de aficionados madridistas. En circunstancias así, o el factor público en contra hace encogerse a los equipos o suele ser un elemento motivador. El Barcelona lo experimento en positivo. Tuvo una salida convincente. Al contrario que el Real Madrid: atenazado en el tiro y ralentizado en su juego. En consecuencia, tras un breve intercambio de canastas, los azulgranas firmaron su primer parcial: 0-9 para un marcador de 7-14. Nada preocupante o ilusionante, según desde el bando que se analice. Había otros elementos a analizar: 14 puntos azulgranas en la pintura (Tomic, al frente) y un Ayón muy defendido.

De poder a poder
Factores que no escaparon a los técnicos. Laso comprendió que debía dotar de solidez a su defensa. Tavares detuvo la sangría y tanto Reyes como Taylor bregaron con el resto. La anotación fue un tema de Llull. Sus dos triples consecutivos propiciaron el primer estirón del Real Madrid: de un 19-25 se pasó a un 27-25. Y Ayón comenzó a estar más cómodo (al descanso, 8 puntos y 11 de valoración, el mejor de todos). No hubo ya más réditos. Se alcanzó el descanso inmerso en una tregua de aciertos y errores. Y otro dato a estudiar: la pizarra de Pesic había rebajado a un 38% los aciertos anotadores del Real Madrid.

Se podría defender que el técnico balcánico tenía al Real Madrid en su casilla. O lo tenía. Contener a la fiera es una experiencia complicada. El Real Madrid afrontó el tercer cuarto como cuando se huele la sangre. Quiso y atacó al Barcelona. Lo golpeó. Lo hizo como sabe, con un baloncesto coral y brillante, con una defensa de alta escuela y con un certero acierto desde cualquier ángulo, con Causeur, Ayón y Randolph como anotadores y Campazzo como director de una orquesta muy afinada, tanto como para endosar un parcial contundente: 25-11. El Barcelona, huérfano de Tomic y sin un relevo en Pangos, Hanga o Heurtel estaba abocado a la derrota.

Heurtel, el resucitador
Nadie se explica cómo lo consiguió, pero el Barcelona esquivó a la muerte deportiva. Lo hizo. Pesic debió agitar conciencias al tiempo que el depósito energético del Real Madrid se agotó súbitamente. En cuestión de minutos, o más bien de triples, el Barcelona se subió al partido. Con Heurtel en un estado de ebullición absoluta, los azulgranas fueron devolviendo el golpe. Hasta recuperaron la garra defensiva. El parcial fue igual de contundente: 3-16. Quedaban otros 5 minutos. Otra final dentro de una final. Y tampoco se sabe cómo, pero si el Real Madrid no había golpeado definitivamente antes, tampoco lo hizo ahora el Barcelona. Llull condujo la final al tiempo suplementario.

Errores y aciertos fueron alterándose mientras el tiempo trascurría a una velocidad de vértigo. Se pensaba que ganaría uno y prontamente se pensaba lo siguiente. Hasta que llegaron los momentos, los segundos ya históricos. No sólo porque Carroll situó al Real Madrid en ventaja a falta de cuatro segundos, sino porque los árbitros no vieron una clara antideportiva sobre Singleton (que hubiera cerrado el encuentro), y tampoco una invasión de campo de Pesic, sino porque validaron una canasta de Tomic que nunca llegó a entrar y consideraron como tapón ilegal lo que fue un rebote legal de Randolph. Lo peor fue no equivocarse, sino que mantuvieron su grave error a pesar de visionar la jugada en televisión. Y esta decisión y esta jugada coronaron al Barcelona de Heurtel.

read more
1 2 3 6
Página 1de6