El dinero y petróleo de Arabia Saudí compran deporte: Supercopa de Italia y España, Rally Dakar y Tour Saudí

El reino de Salmán bin Abdulaziz negocia adquirir una carrera de Fórmula 1 a cambio de 53 millones de euros, tras desembolsar 40 en el torneo español de fútbol y entre 13 y 15 en la carrera más exigente del motor.
Rally Dakar

El dinero mueve el mundo, y el deporte no es una excepción. Arabia Saudí está usando el poder del dinero como vía de aperturismo a Occidente. El país árabe está comprando diferentes eventos deportivos a golpe de talonario. Desde torneos de fútbol (Supercopa de Italia y de España) a eventos prestigiosos como el Rally Dakar; y sin olvidarse de exhibiciones de boxeo y tenis, nuevas inversiones en competiciones ciclistas, intentos de invertir en clubes de la Premier League (Manchester United) o en atraer el glamour de la Fórmula 1. El dinero y el deporte se imponen a la ética.  

La imagen gubernamental de Araba Saudí a nivel internacional no es nada boyante. Sus decisiones políticas (ejecuciones, guerra civil con Yemen, situación de las mujeres, nulidad de derechos sociales…) contrastan con lo establecido en los derechos humanos. La forma más directa de mejorar esa controvertida imagen internacional es a través del deporte. En los últimos meses, el reino ultraconservador ha multiplicado sus inversiones (merced a los jugosos beneficios del petróleo) en el terreno deportivo, conscientes de la implicación positiva que esta política ha tenido en otros países vecinos en situaciones similares, como Emiratos Árabes Unidos y, muy especialmente, Catar, cuyo culmen inversor y deportivo será la organización de un mundial de fútbol en 2022.

A finales de diciembre, el estadio King Abdullah Sports City, en la ciudad de Yeda (la segunda más importante de Arabia Saudí), se convirtió en la sede de la Supercopa italiana de fútbol. La polémica en Italia aún persiste, como sucede estos días en España. Del 8 al 12 de enero, cuatro clubes españoles (Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid y Valencia) disputarán en un nuevo formato la Supercopa de España. A diferencia de la italiana (que ya ha viajado por medio mundo: Shanghái, Doha, Pekín, Nueva York, Washington y Tripoli), será la primera vez que se organice fuera de España. ¿El motivo? Los cuarenta millones de euros anuales (en un contrato de cinco años de duración) que Arabia Saudí desembolsará en las arcas de la Real Federación Española de Fútbol.

Objetivo Fórmula 1

Justo coincidiendo con este acontecimiento, el desierto de Arabia Saudí está acogiendo la competición más exigente del mundo del motor, el Rally Dakar (entre el 5 y 17 de este mes de enero). Después de una década en Sudamérica, esta carrera continuará en Arabia Saudí durante los próximos cinco años a razón de unos 13 a 15 millones de euros anuales. A finales de 2019, el país árabe acogió una prueba de la Fórmula E (de Alejandro Agag) y también se celebró la emblemática Race of Champions 2018, un evento que reúne anualmente a las grandes figuras del automovilismo mundial. No obstante, el principal objetivo del motor es acoger una carrera de la Fórmula 1 en una especie de circuito urbano en 2021. Las negociaciones con Liberty Media (propietaria de la Fórmula 1) están tan abiertas como el dinero que supondría este acuerdo: por encima de los 50 millones de euros.

El reino de Salmán bin Abdulaziz sabe administrar los jugosos beneficios del petróleo y diversifica más allá de fútbol y motor. En febrero, a través de ASO (empresa organizadora del Tour de Francia y Vuelta a España), organizará el primer Saudí Tour, adonde acudirán todas las escuadras ciclistas, y sus estrellas, con todos los gastos pagados. Nada extraño a tenor de otras carreras que se organizan en países vecinos (Omán, Emiratos y Qatar) o a las inversiones en equipos ciclistas, como Bahréin y Emiratos Árabes. Y en este creciente fervor por el deporte se incluyen combates de boxeo (con Anthony Joshua), exhibiciones de tenis o combates de lucha libre. Una política de inversiones deportivas hacía un aperturismo ficticio aprovechando la necesidad de nuevos o mayores ingresos en muchos deportes, en donde el dinero prima sobre la ética.