El futbolista bipolar de los 100 millones de euros: Gareth Bale

La vida suele conceder segundas oportunidades. Incluso cuando hablamos en términos futbolísticos y de una institución como el Real Madrid, tan histórica como exigente con sus jugadores. Más todavía cuando su protagonista, el galés Gareth Bale, se convirtió en la inversión más alta de la historia (100 millones de euros, cifra aún no superada seis temporadas después) y en referente del proyecto, máxime después del adiós de Cristiano Ronaldo. Ahora, Bale está viviendo una reconciliación con el Bernabéu después de estar abocado a una marcha obligatoria que nunca se consumó. Es la segunda oportunidad a un futbolista de enorme talento.

Aunque fueran 100 millones de euros y después de un mes de arduas negociaciones con el Tottenham (icono del club londinense y artífice de los éxitos a base de goles y asistencias), la inversión del Real Madrid estaba absolutamente justificada. Con la firma de Gareth Bale, el Real Madrid (entonces entrenado por el italiano Carlo Ancelotti) conseguía un jugador de altura. A recopilar sus habilidades: velocidad, polivalencia (había actuado de lateral y extremo), eficaz en el balón parado; portento físico, proyección y juventud como para convertirse en un pilar determinante en los esquemas tácticos del Real Madrid. Y encima, el jugador declaraba su amor incondicional al Real Madrid: “Es mi sueño hecho realidad. Estoy deseando empezar este nuevo e ilusionante capítulo en mi vida: jugar al fútbol en el Real Madrid”. Era un fichaje redondo. Porque, además, era una contratación ansiada por los grandes clubes de Europa.

Seis años después (se cumplieron el día 2 de septiembre), si nos atenemos a los registros estadísticos, Gareth Bale presenta una hoja de servicios intachable: 230 encuentros con 102 goles y una amplia nómina de trofeos en sus vitrinas personales: 1 Liga; 4 Champions League; 4 Mundiales de Clubes; 2 Supercopas de Europa; 1 Copa del Rey; y 1 Supercopa de España. Quizá son datos fríos y haya que ceñirse a los episodios que amueblan las memorias de los aficionados del Real Madrid. En este apartado, el galés también ha dibujado notables actuaciones en momentos realmente claves: su fulgurante carrera con gol del triunfo en la final de Copa del Rey ante el Barcelona o sus brillantes momentos, y goles de valor, en las finales de Champions League ante Atlético de Madrid y Liverpool. Encuentros donde se justifican, de verdad, los millones de inversión.

Y todo esto sin desenvolverse en su zona de confort. Bale, zurdo, nunca ha conseguido habitar de manera continuada en esa banda izquierda del Bernabéu. Desplazado a la derecha o incluido en la delantera ha tenido que adaptarse. Lo hizo, y tuvo buenas actuaciones. Pero nunca estuvo en esa zona donde mejor puede brillar. Eran tiempos donde Marcelo subía y subía o donde Cristiano Ronaldo trataba de dañar al adversario de turno. Bale estuvo en modo jugador de equipo. Nunca una palabra más alta hacia sus entrenadores (Ancelotti, Benítez, Zidane o Lopetegui), con la excepción de sus declaraciones tras alzarse con la final de Kiev. Tampoco ha tenido mayores reproches hacia los acontecimientos vividos durante estas últimas semanas. El galés ha respondido con convincentes actuaciones ante Celta, Valladolid y Villarreal.

Es aquí donde arrancan sus problemas: continuos percances musculares (ha dejado de disputar la mitad de los minutos e incluso no acudió en plenitud a la final de Cardiff); escaso arraigo a las costumbres españolas (aquello de no pronunciarse en español); sus gustos de mejorar como golfista o su intermitente conexión con la grada en comparación a otros compañeros. Tampoco juega a su favor que sus números se hayan resentido con Zidane, en cuyos planes no encajaba habitualmente el galés. No había mucha sintonía deportiva y este verano todo apuntaba al traspaso de Bale. El jugador apostó por quedarse (tampoco hubo grandes ofertas que agradasen a todas las partes, especialmente a los directivos) y curiosidades del fútbol y de la vida está disponiendo de una segunda oportunidad. Bale, con sus dos personalidades, ahora es el referente en el arranque de la temporada del Santiago Bernabéu.