El Tour de Francia no es para Francia: tres décadas malditas

La universalidad y prestigio del Tour de Francia es motivo de orgullo para los franceses. El país se paraliza cada verano para vivir y disfrutar de la mayor carrera ciclista del mundo. En sus 102 ediciones de historia ningún otro país ha conseguido tantos triunfos como los ciclistas franceses: 36 absolutos (con 20 corredores distintos); 29 segundos puestos; y 32 terceros puestos. En suma: 97 presencias en el podio de París. Belgíca (49), Italia (41) y España (30) están a una considerable distancia. Sólo cuatro ciclistas han ganado más que nadie y dos son franceses: Jacques Anquetily Bernard Hinault (Merckx e Induráin son los otros dos corredores). Los franceses ganaron la primera edición, con Maurice Garin(1903) y su última alegría corrió a cargo de Bernard Hinault(1985). Supuso el repóquer y el arranque de una especie de maldición que alcanza ya sus 30 años de duración. En este tiempo, ningún ciclista francés ha vuelto a reinar en los Campos Elíseos.

Grandes ciclistas víctimas de una maldición
Durante estas últimas tres décadas, Francia ha contado con un buen número de ciclistas de renombre, pero ninguno con la calidad y suerte necesarias –caso de Fignon que perdió una carrera por 8 segundos en beneficio de Lemond) para imponerse al resto. Los Jeff Bernard, Charly Mottet, Laurent Jalabert, Claveirolat, Pascal Hervé, Eric Boyer, Richard Virenque (hizo podio en 1996 y 97), Christophe Rinero, Laurent Brochard, Luc Leblanc (se proclamó campeón del mundo en ruta), Christophe Moreau o Thomas Voeckler se acercaron al santo grial sin acabar de cogerlo. En estos últimos años, Francia ha visto crecer una nueva camada de jóvenes corredores que auguran nuevas oportunidades de suceder al “Caimán”. Más o menos como ha sucedido con otras generaciones anteriores. La diferencia está en lo sucedido en 2014: Francia miró con esperanza como dos corredores se subían al podio de París como segundo y tercero. Thibaut Pinot y Jean Christope Peraud. Francia no disfrutaba de uno de los suyos entre los tres mejores desde hacía mucho tiempo. Y este hito histórico sucedió justamente cuando se cumplían 30 años del último doblete francés, cuando lo hicieron Hinault y Fignon (1984).

Dinero y cantera
Este acontecimiento pareció encender esa mecha del despegue del nuevo ciclismo francés; doce meses después, todo parece haberse quedado en una simple anécdota histórica. El ciclismo francés, al contrario de lo que sucede en España, por ejemplo, goza de una notable salud deportiva y económica, es decir, de patrocinadores. Los ciclistas franceses (aparte de emigrar a escuadras extranjeras) cuentan con cuatro conjuntos en este Tour de Francia, mientras que España sólo aporta un equipo en la categoría ProTour. Bien es cierto que sus presupuestos no son importantes (no están en la media del pelotón), pero sus marcas son bastante fieles. La empresa crediticia Cofidis lleva toda una vida entre ruedas y su aporte roza los 10 millones de euros. Lo mismo puede decirse de otros dos equipos, el AG2R La Mondiale (grupo asegurador especializado en vida, salud y fondos de pensiones) con un presupuesto cercano a los 9 millones de euros y desde 1997 apoyando el ciclismo francés. Más recientemente apareció Team Europcar como patrocinador a razón de 6 millones de euros, uno de los presupuestos más pequeños del pelotón. El apoyo al ciclismo francés se organiza, incluso, desde las altas esferas: el equipo FDJ (Française des Jeux; Los Juegos Franceses) administra cerca de 10 millones de euros y el 72% pertenece al estado francés. Pocos países pueden decir lo mismo a esta boyante salud económica y deportiva. A esto se añade esa política deportiva puesta en marcha en 2010 consistente en cuidar y proteger a los nuevos talentos franceses, al tiempo que les dan las oportunidades necesarias para crecer profesionalmente

Épicos triunfos alpinos
El futuro del ciclismo francés tiene cuenta con algunos nombres comunes entre los aficionados: Pierre Rolland, Jerome Coppel, Elissonde, Geniez, Thibault Pinot o Arnold Jeanesson, entre otros. Pinot y Peraud no eran los únicos franceses a seguir en este Tour. También estaban otros nombres como Romain Bardet, compañero de Peraud en el AG2R y que el año pasado fue el mejor joven. Las esperanzas depositadas en ellos eran tan altas como esa misión de cerrar una herida abierta desde hace tres décadas. Finalmente, ni Pinot ni Rolland. Ni siquiera Bardet. Las caídas y el mermado estado físico acabaron con todas las esperanzas. Ni siquiera el haberse configurado un Tour de Francia bastante idóneo con las aptitudes de escaladores de sus corredores. No se acabó con una maldición eterna, pero sí hubo motivos para sonreir y continuar soñando en encontrar el santo grial. El triunfo de etapa de Vuillermoz fue el prólogo a la notable actuación de sus compatriotas en los Alpes. Bardet sumó su primer triunfo de etapa tras una gran cabalgada en solitario (superando puertos como el Glandon); dos días después, el histórico y mítico puerto de Alpe d’Huez coronó a Pinot. Finalmente, en París, Bardet concluyó octavo y Rolland, décimo. Otra edición más y quizá sea en 2016; de momento, el Tour de Francia no es para Francia.